“¡Papá, cocina el huevo, que mamá tiene que salir a trabajar!” Familia

Es sábado por la mañana, hora de desayunar y empieza la función. Mamá está vistiendo al pequeño y repasando su presentación para el Directorio, papá cocina algunos huevos tratando de hacer una receta que vio en Facebook; la pequeña está en la mesa jugando con las flores del jarrón.

Hace 20 años atrás una escena como esta no hubiera sido posible imaginarla, pero ¿Por qué?

Antes, la tendencia familiar era cargar todas las labores domésticas a la mujer, y no es que ella estuviera diseñada por naturaleza para estas tareas domésticas, era que la Sociedad estaba diseñada de tal forma, que hacía y promovía esto de generación en generación.

¿Cómo cambió todo esto?

Esto era algo que, sí o sí en algún momento pasaría, es como cuando conocemos la trayectoria del meteorito, pero faltan años para verlo pasar.

Durante mucho tiempo a la mujer se le quitó el espacio de poder desarrollarse íntegramente en el transcurso de su vida. Y no estamos diciendo que hoy el mundo ya le entregó lo que tenía al debe, sino que es un proceso, el cual estamos viviendo hoy día.

En el año 2009 se realizó una encuesta de “Uso de tiempo en la Región Metropolitana” (n=1534). Según los datos que arrojó la muestra, el 65% del trabajo remunerado era realizado por los hombres y el 35% por las mujeres. En cambio, los hombres realizaban un 29% y las mujeres un 71% del trabajo no remunerado (SERNAM, 2009).

Las labores hoy en día van en tendencia de aproximarse cada vez más, por lo que esto está cambiando la forma en que las familias se están relacionando, y lo más importante, es que de esas familias están creciendo niños con una visión completamente distinta a la que tiene el común de la población hoy en día.

Claro está que todo tiene Pros y Contras, y la clave está en potenciar los Pro y aminorar estos Contras que afectan al “Universo de las familias”.

¿Cómo ha pasado esto?

Antes el hombre era el que tenía como única función el proveer, ahora esa tarea es de los dos. La mujer ha puesto su trayectoria laboral en el mismo escalón o cerca de la lista de prioridades que tiene el hombre al momento de compartir una familia.

A esto se suma, que la edad en que las personas se casan se está retrasando cada vez más, afectando de forma directa la maternidad y paternidad. Hoy en día tener el primer hijo después de los 30 años, es cada vez más normal, pero antes esta noticia hubiera sido motivo de comentarios mal intencionados en el seno de nuestras familias.

Aún en temas legales, por defecto se empieza a debatir desde el escenario de la madre, pero ¿cómo no? Está bien que nuestra sociedad está evolucionando y hoy las labores domésticas como de crianza se han posicionado al lado de la figura paterna, pero este territorio es aún inhóspito, por decirlo de alguna forma.

Pero no se trata de lanzar cajones de responsabilidades de una vereda a otra, sino de encontrar el punto medio, el equilibrio, el Yin y el Yang. Es aquí donde podremos encontrar una forma integral de abordar los temas referentes a la familia. Esta es de a dos, en distintos ámbitos, pero siempre de dos.

“Un bote en donde cada uno rema para su lado, no llegará a ningún puerto”.

Según un estudio realizado por la Unicef, la participación activa del padre trae consigo un sin fin de beneficios a los hijos, tales como:

  • Vínculo más duradero y estable en el tiempo
  • Desarrollo de niños más sanos y más felices
  • Niños que se desenvuelven de mejor manera con su entorno
  • Mejor bienestar psicológico
  • Más probabilidad de ser un padre comprometido en el futuro

 

Si eres padre o madre y te interesa este tema, aquí te dejo un enlace a una “Guía de Paternidad activa para padres” realizada por la Unicef del programa “Niños

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¡Hasta pronto!

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